¡Adiós a las tiritas y al dolor de pies!
A ver, yo suelo llamarle mocasín a casi todo lo que sea zapato de vestir, pero estos negros de cordones juegan en otra liga. Normalmente, estrenar calzado de piel es sinónimo de suplicio y de llevar tiritas en el bolsillo por si acaso, pero con estos ha sido sacarlos de la caja, ponérmelos y a correr. Tienen una horma estupenda que no te espachurra los dedos y la piel brilla que da gusto, con ese detalle de la costura en la puntera que los hace muy elegantes. Me los planté para un bautizo y aguanté todo el día de pie, banquete incluido, sin acordarme de que los llevaba puestos. Mi mujer no se creía que no me estuviera quejando de los pies al volver a casa. Ya tengo zapatos oficiales para las BBC (bodas, bautizos y comuniones) de los próximos diez años.
Zapato clásico de piel negra




























































